martes, 15 de noviembre de 2011

Atardecer de plata - Lighling


El escozor estaba siendo insoportable, las heridas apenas le dejaban pensar, sentía su cuerpo totalmente abrasado. El dolor le nublaba la vista y ya ningún músculo de su cuerpo quería colaborar.
Trató de gritar “auxilio” pero su voz quedó nublada por el quemazón que tenía en la garganta. Sus pulmones se vaciaron de aire por el esfuerzo y apenas fue capaz de volver a respirar. Lo único que le mantenía con vida era el pequeño bulto que protegía entre sus manos; ese bulto lo era todo para ella, todo su ser.
Todo su maravilloso mundo había sido destruido de un plumazo.
Estaba a las puertas de la muerte, pronto la oscuridad la engulliría y dejaría el dolor atrás.
Escuchó como el autobús se movía, a sus oídos llegaron las voces de diferentes varones hasta tres diferentes creyó escuchar. El pesado metal que tenía sobre ella se alzó al mismo tiempo que el resto del autobús.
En el momento que todo el pesado auto fue alzado los rayos de sol la alcanzaron y el dolor fue inaguantable. Su piel comenzó a burbujear deshaciéndose por sus efectos, su raza estaba condenada a la oscuridad eterna.
Cerró los ojos y abrazó con fuerza su pequeño bulto para protegerlo, moriría allí pero mantenía la esperanza de que no se dañara.
***
 Stefan alzó el autobús como pluma, bajo él había los restos calcinados de los doce vampiros que trasladaban al refugio, habían interceptado sus radios y únicamente les había bastado esperar para hacerlos estallar.
Ellos mismos habían muerto por exponerse demasiado al sol. Aquellas ratas habían muerto tras interminables gritos de agonía.
A su vista llegó la imagen de una menuda vampira, cubierta de yagas, abrazada a su barriga.
Tenía los cabellos dorados, habían sido cortados a trasquilones, dejándolos a la altura de los hombros, sus ropas se habían fundido con la piel; pero, a pesar de todo eso, era hermosa, tenía el parecer de una amazona recién salida de una guerra. Tan bella y pura que ninguna otra podía hacerle competencia.
Mantenía los ojos cerrados sabiendo que el final estaba cerca.
Stefan bajó levemente el autobús proporcionándole la sombra y el cobijo suficiente, es cuestión de un segundo el cuerpo de la vampira dejó de sangrar y vio cómo, a pesar de las dificultades, conseguía respirar mejor.
Charles se acercó a ver lo que ocurría, vio la vampira y gimió de horror al ver la magnitud de sus heridas.
-Mátala Stefan, no alargues más su dolor.- siempre tan misericordioso.
Odiaba aquellas criaturas de la noche, pero a pesar de eso, las mataba sin dolor. Era una dualidad fantástica en un cazador como él.
Su amigo aguantó el bus y él caminó lentamente hacia ella.
La vampira instintivamente abrió los ojos y lo miró, sus ojos eran rojos como la sangre que emanaba de ella. Sus colmillos se alargaron en señal de advertencia y de sus labios se escapó un siseo como los de una serpiente.
-Que el señor te tenga en su gloria.- comenzó a rezar Charles, tenía la estúpida creencia de que todos los seres podían acceder a perdón y al cielo, él pensaba totalmente lo contrario. Aquellas bestias no tenían alma, con lo cual, no tenían salvación alguna.
Sacó el puñal guardado en su cinturón para acabar con ella. En el momento que hubo atravesado la línea imaginaría de protección, la vampira se alzó y se abalanzó sobre él en tromba.
De un puñetazo en la mandíbula consiguió tirarla al suelo, luego, con su rodilla le inmovilizó el cuello; iba a acabar con aquella faena sin pestañear.
-¡Misericordioso el señor, Stefan!- exclamó Charles.
El llanto de un bebé llegó a su oídos, la vampira trataba zafarse de su captor a toda costa; no tenía fuerza suficiente para ello. Stefan miró hacia el lugar que había ocupado anteriormente la mujer, en él, había un diminuto bebé envuelto en una manta azul con muñequitos infantiles de animales.
Miró a la vampira como trataba de moverse hacia el bebé y la más absoluta comprensión llegó a él como por arte de magia.
Era su hijo.
Nuevamente miró al bebé, a pesar de ser bañado por el sol no gritaba de dolor ni se deshacía en llameante espuma.
Híbrido.
Eso lo cambiaba todo, había sangre humana en aquel bebé.
Ella no dejaba de retorcerse, con su mano izquierda arañaba el suelo en dirección a su bebé, sus ojos estaban impregnados en lágrimas, puede que usara todas sus debilitadas fuerzas pero no le serían suficientes para zafarse de su captor.
Charles se acercó al bebé y lo cogió en brazos, eso dio un giro radical a la situación, la vampira consiguió alzar por sorpresa a Stefan y lanzarlo lejos.
-¡No!- gritó intentando caminar hacia su pequeño, el instinto maternal de aquella vampira era más fuerte que las miles de heridas que la cubrían.
Stefan la cogió por la espalda y la inmovilizó.
-¡No por favor!- volvió a gritar, era su primer ruego, no lo había hecho antes. No cuando su vida peligraba, sino cuando la del pequeño estaba en manos de unos desconocidos que habían asesinado a todos los que conocía.
-¡Por favor, no le hagas daño!- volvió a suplicar retorciéndose, el cazador vio como un rayo de sol caía en el brazo de la menuda vampira, ella no parecía notarlo, su dolor no era comparable con el que le provocaba que tocaran al niño.
Sabía que no debía, que la comunidad no lo perdonaría; siquiera él mismo, y aun así, sin poder evitarlo, le dijo a la vampira:
-No os ocurrirá nada, necesitáis ayuda.- en señal de buena voluntad la soltó.
En un abrir y cerrar de ojos ella estaba ante Charles, podía haberle atacado y arrancado la yugular, en cambio, lo miró suplicante hasta que el cazador le entregó a su niño.
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas al tener a su pequeño en brazos, el amor de una madre era incalculable sin importar especie.
Stefan cubrió a la vampira con una manta y la cogió en brazos. Corrió hacia el coche para evitar que el sol dañara de nuevo su delicada piel y, una vez dentro, puso los cristales tintados para protegerla.
Salió del todoterreno y la mirada de sus seis compañeros se posaron sobre él, esperó reproches, insultos y gritos.
Nada de eso llegó.
Todos, incomprensiblemente, aceptaban su acción.
Charles sonrió y comentó:
-Ahora sí puedes hallar el perdón y la salvación que tanto anhelas.- siempre hablaba como un oráculo, pero sus predicciones eran endiabladamente ciertas.
***
Camino a la base vio por el retrovisor como la vampira cubría con su cuerpo al bebé, él reía al mismo tiempo que su madre lo acariciaba y besaba en la frente.
 Hubo una escena que consiguió conmover lo que creía muerto dentro de él, su corazón palpitó, levemente, pero lo hizo. El bebé con sus bracitos había intentado abrazar a su madre para calmar su dolor.
Stefan sabía que debía odiar a los vampiros, ellos eran seres sin alma ni sentimientos que no se merecían la vida… eso le había inculcado su padre desde niño, ahora, por primera vez en años comenzaba a creer que todas aquellas enseñanzas estaban llenas de lagunas.
***
El bebé descansaba en la cuna, había sido cedida por su sobrino de tres añitos diciendo que ya era mayor para dormir en una cama él solito, que el bebé la necesitaba.
Charles había tratado de curar las heridas de la vampira, pero el ardor que emanaba de ellas le hacía imposible trabajar para curarla. Stefan la había cogido en sus brazos y había llenado la bañera de agua fría.
-Tienes que desnudarte.- le dijo.
-Mátame antes de alargar con esto pero a Druke no le hagáis daño por favor.- así debía llamarse el pequeño.
Stefan sonrió sintiendo las palabras pronunciadas a continuación por sus labios:
-Ni tú, ni Druke seréis dañados a cambio de que me des tu nombre.- ella lo miró atónita, no comprendía el por qué aquel cazador se negaba a matarlos. Sabía que eran los causantes de que el autobús volara por los aires y había contemplado su fuerza alzando el auto sin siquiera sudar.
Pero si su nombre salvaba a su pequeño valdría la pena.
-Miranda.
Era un nombre realmente bonito.
-Está bien Miranda, debes quitarte la ropa y lavar tus heridas, así bajará tu temperatura corporal y podré curarte.
Miranda dejó caer sus ropas sin importar su desnudez, con ayuda de los brazos robustos de Stefan consiguió entrar en la bañera. La fría agua le proporcionó un remanso de paz, que no había obtenido en las últimas horas.
Miró al cazador y lo descubrió mirándola con deseo.
-¿Ese es el precio por salvar a Druke?
La comprensión se filtró por las pupilas del cazador, éste sonrió y explicó:
-No, Druke ya está salvado. Ahora, quiero salvarte a ti.
-No entiendo el por qué.- explicó sincera.
Era cómico, él tampoco lo sabía.
***
Había pasado horas curando sus heridas, ahora, ella descansaba en su cama cubierta de vendas y con el cobijo de una fina sábana.
Él vigilaba sus sueños al mismo tiempo que miles de pensamientos oscuros volaban por su mente. ¿Él habría asesinado al padre de Druke? ¿Los vampiros no eran tan crueles como imaginaba?
-Él huyó en cuanto supo lo qué era y lo que sería su hijo.- la débil voz de Miranda lo devolvió a la realidad.
La lástima le hizo retorcer su interior.
-No importa, lo importante es él. Creía que en un refugio conseguiría salvarlo de los cazadores, pero nos interceptasteis, sólo quería salvarlo.
-Lo sé.- dijo acariciando con dulzura su frente.
-Ahora descansa.- continuó Stefan.
***
Los llantos desesperados de Druke hicieron que Stefan se despertara, saltó de su sillón y corrió hacia la habitación contigua a la que estaba con la vampira.
Renald, uno de sus compañeros, estaba con Druke en brazos al mismo tiempo que pateaba las costillas de Miranda.
Algo dentro de él se revolvió pidiendo venganza, todo comenzó a verse rojo sangre.
-¡¿Qué crees que haces renald?!
  -Cuando escuché que te habías traído a ésta jodida ramera y a su hijo no me lo podía creer; dije que no, que tú no eras de esa clase de cazador. Al verla supe que esta puta te había seducido, hay que matarlos ¿recuerdas? Salvar al mundo de ésta plaga de insectos que no merecen el aire que respiran.- sonrió viendo a Druke y continuó: -Y esto es una aberración, merece su ejecución inmediata.
-¡No!- gimió Miranda tratando de alzarse, sus heridas no le daban ninguna oportunidad.
Antes de poder pensar, antes de poder cuestionarse si hacía bien o mal, antes de poder siquiera respirar, Stefan había desenvainado sus puñales y le había abierto la garganta a Renald, desperdiciando su sangre por su impecable parquet.
Cogió al bebé antes de que cayera al suelo.
-Traidor.- esas fueron sus últimas palabras.
Si traidor era creer que ellos tenían salvación, entonces sí lo era.
-Mi bebé.- lloraba Miranda sin poder moverse.
Stefan se agachó y le puso en sus brazos al bebé,  la vampira lloró hasta saciar su dolor y él comprendió que en lo más profundo de su ser algo similar al cariño nacía lentamente.
Tal vez había permanecido equivocado toda su vida.
***
(Dos años después)
-Papá vamos a la feria, quiero ver los fuegos artificiales.- trató de decir Druke subiendo a la cama de un salto.
Stefan se revolvió en la cama buscando lo que faltaba, al encontrarlo lo abrazó con fuerza, el aroma a jazmín de Miranda lo hacía enloquecer.
-Así que mamá quiere ¿fuego?
-Mmmm- ronroneó adormecida.- Sí, me recuerdan el día que cambiaste nuestras vidas.
Y ellos habían cambiado la suya proporcionándole el amor y la familia que necesitaba. Había logrado que algunos cazadores dejaran de exterminar a los vampiros y ahora trabajaban codo con codo para una convivencia con la humanidad lo más pacífica posible.
Siempre habían asesinatos por manos de vampiros y siempre habría cazadores pero sabía que él había colgado su uniforme, ahora dedicaría el resto de su vida para cuidar en cuerpo y alma a los dos seres que lo habían llenado todo.

FIN


Me encantó la forma en que aprovechó las 10 paginas que se dieron como máximo, contándonos una completa historia. quizás hubieron saltos muy largos en los que faltó alguna que otra escenita más apasionada xD. Pero como dije es un quizás, porque ya así es muy bueno y entretenido de leer.

Gracias Tania por participar!

1 comentarios: