martes, 15 de noviembre de 2011

Pasión contenida - Marijose

Caminaba por la calle cogida del brazo de mi novio. Estábamos en plena cita y me había vestido para la ocasión: unos leggins negros, largos hasta los tobillos y bien ceñidos a mis delgadas piernas; una blusa rosa pastel suelta, de raso, de manga a la sisa que ocultaba la falta de curvas en mi busto y combinaba con mis ojos rosados; y unas sandalias negras de tacón. También había dejado mi pelo rubio platino casi blanco, debido a mi sangre albina, suelto cayendo en delicadas ondas hasta la mitad de mi espalda; aunque no llevaba complemento alguno, los consideraba un estorbo, entorpeciendo cada uno de mis movimientos. 
Sin embargo, no era la única que me había arreglado, él también vestía apropiado para la ocasión, arreglado e informal a la vez, con sus vaqueros grises y su polo violeta tapando su fibroso cuerpo, y había peinando su pelo rubio oscuro cuidadosamente descuidado. En su brazo izquierdo, ya que el derecho estaba enredado en mi cintura, llevaba una chaqueta preparada para ponerla sobre mis hombros cuando tuviera frío por el aire fresco de la noche.
Eso era lo que parecía desde fuera, pero la verdad era bien distinta. Ambos éramos unos jóvenes cazadores de dieciocho años que actuábamos como cebo para atraer nuestra presa. ¿Cuál era nuestra presa? Cualquier vampiro que atacara a los humanos, es decir, el que tratara de convertirnos en su alimento, porque ¿qué mejor presa que una pareja acaramelada de aspecto indefenso? 
Éramos conscientes de que no todos los vampiros eran unos asesinos. Por ese motivo no cazábamos a todo tipo colmilludo que nos encontrábamos, sino que nos limitábamos a patrullar por la ciudad eliminando a aquellos que pillábamos clavando sus colmillos en algún humano o tratando de atraerlos, como esta vez. 
El hecho de que también había vampiros con la moral y ética suficiente para respetar la vida humana era algo que mi padre nos repitió insistentemente hasta el día de su muerte, hace un año. Mi padre perteneció a una familia miembro de la Orden de las Cruces, pero se salió de esta cuando conoció a la madre de mi compañero, una mujer casada con un vampiro. 
Sí, mi compañero es un híbrido, motivo por el cual su padre tuvo que abandonarlos, a él, a su madre y a mi padre, cuando ella quedó embarazada. Para protegerlo. Por ese mismo motivo, mi padre nos entrenó a ambos hasta convertirnos en unos cazadores bien capaces, para que Samuel, mi compañero, fuera capaz de defenderse de los numerosos ataques de los que sería blanco si llegaba a encontrarse con su padre algún día o si alguien descubría lo que era igualmente, y para que yo, que jamás me separaría de él, pudiera cuidar de mí misma y no salir malherida de una emboscada lo suficientemente grande como para suponer una amenaza para mí y para Samuel. 
Además, mi padre no compartía los ideales de Orden de las Cruces, pero eso no significaba que dejase a los vampiros hacer y deshacer a su antojo. Por lo que ahora, y desde hace tres años, hemos tomado su tarea de velar por la vida de los ciudadanos. 
- Mel,- dirigí mi vista para encontrarme con los ojos verdes de Samuel mirándome con ternura interpretando a la perfección su papel de novio.- ¿en qué estás pensando? Céntrate, tenemos a un vampiro que lleva un rato acechándonos. Parece que tendremos un enfrentamiento pronto. 
Mel, ese era mi nombre, Melisa. Toda una ironía, si se me permite decirlo. Melisa significa “dulce como la miel”, y yo no soy para nada dulce. Yo soy una cazadora, una luchadora. Mi carácter es fuerte y tengo mal genio, algunos incluso dirían que soy algo agresiva, y es que cuando me cabrean o me hartan puedo llegar a ser más mortífera que el más antiguo de los vampiros. 
Mis habilidades como cazadora eran muy buenas. Sobrepasaban a las de muchos de los chicos que se habían unido a mi padre y su proyecto, igualaban la de otros tantos y solo eran superadas por las de Samuel, el único hibrido del grupo. Y es que, como fuga para mi mal temperamento, pasaba mucho tiempo entrenando, liberando adrenalina.
- Estoy centrada.- miré a esos ojos verdes, que quedaban ligeramente por encima de los míos, ya que aperas de ser alta, él lo era más que yo.- También me he dado cuenta de eso. No soy una novata.
- Entonces demuéstralo y no rompas nuestra cubierta con tu mal carácter.- me regañó mientras la expresión de su rostros no dejaba de ser una perfecta máscara de amor.- Ya sé que no eres una novata.- se inclinó y besó suavemente mi frente. 
Empecé a protestar, pero las palabras murieron en mis labios cuando ambos registramos un movimiento extraños a mi izquierda. Rápidamente nuestros cuerpos se tensaron y Samuel se giró a la vez que sacaba un cuchillo de la parte trasera de mi cintura y cortaba la garganta del vampiro que nos saltó encima.
Inmediatamente cayó muerto al suelo, mientras nuestros ojos recorrían la zona buscando más peligros. Tanto él como yo sabíamos que había sido demasiado fácil. No creíamos que un vampiro pudiese ser tan estúpido, siempre teníamos una lucha con ellos y generalmente salíamos con algunas heridas, pero esta vez nada de nada. Los vampiros tienen sus armas naturales con las que atacar y defenderse y este ni siquiera lo había intentado.
Tras unos segundos escaneando los alrededores, cruzamos una mirada. Tras años de risas, bromas, entrenamientos, y expediciones, habíamos desarrollando una complicidad tal que éramos capaces de saber los pensamientos del otro con una simple mirada. Y esta decía “Un cebo, una distracción”.
 Cerca de donde nos encontrábamos había un parque al que era mejor no acercarse si no querías ganarte una visita al hospital, como mínimo. A estas horas solo había algún que otro grupo de jóvenes bebiendo y drogándose. Malas compañías. Y las perfectas para un vampiro que buscara un escenario donde un crimen como el suyo pasara desapercibido, o al menos tuviera una explicación más lógica para aquellos que desconocían su existencia.
Con la adrenalina corriendo por nuestras venas, salimos disparados hacia el parque, rezando por llegar antes de que hubiera algo que lamentar. A pesar de llevar tacones, pude mantener el ritmo de Samuel sin problemas. Una de las ventajas de jugar con alguien más fuerte y rápido que tú es que siempre intentas superarte, y así me había convertido en una chica realmente rápida. De modo en tan solo unos segundos llegamos al parque.
Nuevamente revisamos la zona con la mirada, en busca de la amenaza. Solo encontramos un grupo de cinco jóvenes, todos mayores que yo, comportándose tal como había esperado. Estaban a solo unos metros de nosotros y nos miraron al vernos llegar tan apurados.
Uno de ellos, se separó del grupo y avanzó hacia nosotros, con una sonrisa bobalicona en su rostro. Iba muy pasado de alcohol y otras drogas, eso estaba bastante claro en su expresión y sus ojos colorados, casi cerrados y con las pupilas dilatadas.
- Hola preciosa.- dijo entre balbuceos.- ¿quieres unírtenos? Tu amiguito también puede venir.
Samuel me tomó por el brazo y me acercó a su cuerpo, interponiéndose ligeramente por delante a la vez que le lanzaba una mirada que hizo que el tipo empalideciera. Samuel era un chico amable y dulce la mayor parte del tiempo, pero era muy capaz de atemorizar al tipo más gallito. Y este estaba a tan solo un paso de salir corriendo por donde había venido.
Sin embargo, no tuvo oportunidad. El vampiro que estábamos esperando saltó a su espalda y sin perder más tiempo sacó sus colmillos dispuesto a drenar a este tipo. Samuel, pese a su ligero enfrentamiento anterior, conocía perfectamente su deber y salvó la distancia que lo separaba del vampiro, cuchillo en mano, para hacer su trabajo.
Logró sacarlo de la espalda del drogadicto, que salió corriendo como alma que llevaba el diablo, y rodaron por el suelo enfrascado en un lucha cuerpo a cuerpo. No importaba que el tipo escapara, si contaba algo, nadie le creería, asumirían que todo es producto de su imaginación alterada por el alcohol y las drogas. En ese momento mi preocupación debía ser ayudar a Samuel.
Antes de poder dar más de un paso, mi visión captó otra amenaza. Los amigos del borracho estaban siendo atacados por un grupo de otros cinco vampiros.
Maldición.
Samuel, estaba ocupado con uno, así que eso dejaba a los otros solo para mí. Esto no me gustaba. No dudaba de mis habilidades, pero estaba en clara desventaja, incluso teniendo la ayuda de Samuel sería difícil. Sin él probablemente me costaría caro. Aun así, era mi deber. Me había comprometido a hacer todo cuanto estuviera en mi mano por proteger a los ciudadanos de esta amenaza, no importaba que esos ciudadanos fueran unos jóvenes que estaban buscando acabar con sus vidas con una sobre dosis.
Sin pensarlo más, me lancé hacia ellos sacando la pistola escondida entre la tela holgada de mi camisa. Salté por encima del banco en el que instantes antes habían estado sentados riendo y bebiendo, y me impulsé más arriba, lejos del alcance de los vampiros para tener una mejor perspectiva de tiro.
El disparo acertó a uno de ellos en la cabeza. Uno menos. Ahora me quedaban cuatro. Pero no era momento de estar pensando en números, el disparo, pese a usar silenciador, alertó a los demás vampiros, quienes tenían un sentido de la audición sensacional, y uno salió a mi encuentro, dispuesto a agarrarme antes de poder poner los pies en el suelo.
Sin embargo, eso era algo que ya estaba contemplado en mis planes. Con un ágil y fluido movimiento dirigí mi pierna de modo que golpeara su cara con el tacón. Después de llevarlos puestos en la carrera y el salto debían servir para algo además de entorpecer.
Logré mi objetivo, alejarlo de mí y darle un buen golpe, pero no tuve tiempo de celebrar nada. Eran demasiados para mí, y al momento de tomar tierra, en un aterrizaje que sentí hasta más arriba de las rodillas, varios se me echaron encima.
Intenté una finta para escapar de sus garras, y funcionó. Al menos en parte. Obtuve una posición mejor que la anterior, pero aun estaba al alcance de uno de ellos, que no perdió el tiempo ni la oportunidad.
Atrapándome por la muñeca, la retorció y me obligó a soltar el arma justo antes de devolverme al centro del círculo de vampiros del que había salido instantes antes. Esta vez estaba en un buen problema.
Lancé una rápida a Samuel. Aun estaba luchando con su propio oponente, pero a diferencia de mí, tenía su lucha casi ganada. Unos segundos más y lo habría derrotado. Pero yo no disponía de esos segundos. Uno de los vampiros que estaba sobre mí, reteniéndome contra el suelo ayudado por sus compañeros, ya había sacado sus colmillos y estaba tan solo a unos centímetros de mi cuello.
No pude evitar dejar escapar un pequeño grito al sentir como perforaba mi cuello y comenzaba a succionar. Pero grité con todas mis fuerzas cuando sentí su cabeza caer sobre mi pecho, desconectada del resto de su cuerpo.
Como cazadora, estaba más que acostumbrada a estas cosas y muchas peores, pero eso no quería decir que no me sorprendiera alguna que otra vez. Y que la cabeza del vampiro que estaba bebiendo de ti se cayera inconexa del resto del cuerpo sobre ti sin explicación aparente, era una de esas veces.
Estar tan cerca de la muerte hizo que aumentara la adrenalina que corría por mi organismo, y me recuperé de la sorpresa rápidamente, sacudiéndome al muerto y los otros vampiros de encima. Al notar que podía hacerlo con mayor facilidad que antes, descubrí que había alguien más ayudándome. El tipo que me había salvado.
Era un chico mayor que yo, con un cuerpo alto y fibroso, que vestía ropas casi tan oscuras como su pelo negro azabache no muy corto. No podía verle la cara ya que me daba la espalda, enfrentándose a los vampiros y alejándolos de mí permitiéndome reponerme del ataque. Pero sí sabía lo que era, un vampiro.
Por fortuna, este estaba de nuestro lado. De pronto los números ya no eran tan desfavorables. Ahora éramos dos contra tres.
No.
Tres contra tres. Samuel había terminado con su oponente y se unió a nosotros, lanzando una mirada interrogativa en dirección a nuestro colaborador pero sin hacer ninguna pregunta por el momento.
El resto de la pelea se resolvió en un uno contra uno, sin ninguna novedad ni apuro por parte de ninguno de nosotros. Gracias a Dios todos terminamos de una pieza, Samuel con algunos rasguños, yo con la mordedura en el cuello y unos cuantos arañazos, y el misterioso ayudante totalmente ileso.
Una vez que todo estuvo calmado, y tras asegurarnos que no había ninguna amenaza cerca, llegó el momento de las preguntas. Y el extraño lo sabía, por lo que se giró hacia nosotros mirándonos con unos ojos verdes esmeralda y esperó por ellas.
Samuel no lo hizo esperar mucho. Inmediatamente comenzó el interrogatorio.
- ¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí?
- Gracias a ti también.- contestó con cierto sarcasmo.- Si no llega ser por mi ayuda tú y tu compañera os habríais convertido en la cena de esos idiotas.
- Tienes razón,- intervine.- Gracias.
- Bien, ya tienes lo que querías, ahora contéstame.
- Mi nombre es James, y solo estoy aquí para ayudar.
- ¿Para ayudar?- Samuel enarcó una ceja.
- Sí.- afirmó- Estaba paseando por la zona y me encontré con toda la acción. Vi que necesitabais ayuda y, bueno, ya sabéis el resto.
- Eres un maldito arrogante, ¿te lo han dicho alguna vez? 
Samuel estaba en plena faceta de defensor de su territorio. Si seguía por ese camino terminaríamos en una lucha contra James y viendo lo bueno que era no quería arriesgarme. Había que cortar esta situación cuanto antes, así que salté entre ellos e intervine. 
- Bueno, ya está b… 
Dejé la frase incompleta al notar que mi pie se desestabilizaba del tacón torciéndome el tobillo y cayendo al suelo. Malditos tacones. ¿Por qué los escogería para salir de caza? 
Antes de llegar al suelo, dos pares de manos me sujetaron y me estabilizaron en posición vertical. 
- Puedes correr, saltar y pelear con tacones, pero no puedes dar dos pasos en llano a paso normal y permanecer lejos del suelo.- se burló James. 
Mantuvo un brazo en mi espalda y el otro lo pasó por mis piernas, levantándome del suelo y cargándome. Samuel, aun con sus manos sobre mí, puso mala cara. Tal vez yo también debería estar enfadada por que un extraño me tomara en sus brazos, o al menos desconfiada, pero el echo que de me había salvado la vida instantes antes, hacía mucho a su favor. 
Aun así, para tratar de no empeorar la situación, traté de que James me devolviera al suelo. 
- Estate quieta, deja de revolverte.
- Quiero caminar por mi misma, déjame en el suelo.- insistí.
- Te has torcido el tobillo, no podrás poner peso durante un par de días.
- Entonces dámela.- Samuel extendió sus brazos.- Yo la llevaré. 
James lo recorrió con la mirada antes de hablar, como evaluándolo. Luego, lanzó un resoplido. 
- ¿Tú? Puedo ver que tienes el hombro mal herido.- fijé mis ojos en su hombro, no me había dado cuenta de eso.- No podrás sostenerla.
Sin esperar réplica alguna por su parte, James comenzó a caminar, saliendo del parque. No sabía a donde me llevaba, pero el hecho de que Samuel viera con nosotros me tranquilizaba.
Estaba sumida en mis pensamientos, tratando de imaginar a donde nos dirigíamos, cuando alcé la cabeza y me encontré con la mirada de James fija en mi cuello. Justo el lado en el que me había mordido el vampiro.
- Hay que curar esa herida.- dijo con un tono oscuro.- Te alcanzó en la yugular y podrías desangrarte en pocos minutos.
- ¿La yugular?- oí preguntar a Samuel un paso más atrás. Su voz tenía un tono alarmista.- Eso es malo. ¿Cómo de fuerte ha sido la mordedura?
- Lo suficiente como para que ya empiece a notar los efectos de la pérdida de sangre.

Y tenía razón. Comenzaba a sentirme mareada. Apenas era un leve mareo, pero sentía que si estuviera de pié, caminando por mí misma, la sensación sería mayor.
James apretó el paso, dirigiéndose a un coche azul marino estacionado en medio de la calle. Me dejó apoyada contra él mientras abría la puerta del copiloto y registraba en la guantera en busca de una pequeña caja blanca.
- Toma el botiquín.- se lo lanzó a Samuel.- Montaos atrás y cúrala. Yo conduciré.
- ¿Y donde piensas llevarnos?- preguntó mientras me ayudaba a entrar en el asiento trasero.- No podemos llegar a un hospital y decir que un vampiro ha intentado chuparle la sangre.
- No vamos a ningún hospital.- James ya estaba arrancando el coche y poniéndonos en marcha.- Iremos al lugar donde entrenáis, vuestra base, allí disponéis de una enfermería casi tan buena como un hospital.
- No recuerdo que te diéramos la dirección.- dije con toda la fortaleza que pude reunir.- ¿Cómo planeas llegar allí?
- Conozco la dirección.- aseguró con la mirada fija en la carretera.- No necesito que me la digáis.
Con eso dio por finalizada la conversación, dejándonos con cientos de interrogantes corriendo por nuestra cabeza. James aceleró el coche provocando que mi sensación de mareo se acrecentase.
Mientras tanto, Samuel se centró en mi cuello. Limpió la herida con cuidado de no lastimarme más, pero con lo aturdida que me sentía en ese momento dudo que lo hubiera notado. Luego colocó un apósito y lo sujetó con una venda alrededor para mantenerlo ahí, evitando la pérdida de más sangre.
- Con esto debería bastar por el momento.- dirigió una mirada hacia la ventana.- Ya casi hemos llegado.
Noté cuando James detuvo el vehículo y escuché la puerta abrirse justo antes de que alguien me cargara nuevamente en sus brazos, supuse que era James, y comenzara a correr.
Sentí el cambio de temperatura al entrar al edificio y las voces de mis compañeros pidiendo ayuda urgentemente. Sonaban un poco amortiguadas, igual que el jaleo de pasos corriendo en nuestra dirección que provocaron, debido al gran mareo que sufría. Lentamente la oscuridad comenzaba a tragarme sin que mis esfuerzos para resistirme valieran mucho.
- No te duermas.- dijo una voz.- Ya casi lo hemos conseg…- no pude escuchar lo que estaba diciendo completamente. La oscuridad terminó de atraparme.
***
Mis parpados se abrieron lentamente, sintiéndose pesados y perezosos, mostrándome el techo blanco de la enfermería. Solté un gruñido por la luz incidiendo sobre mis ojos y giré la cabeza tratando de evadir el resplandor, pero eso solo hizo que un leve mareo se apoderara de mí.
- No deberías moverte por el momento.- escuché la voz de la madre de Samuel.- Aun estás muy débil.
- ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que me trajeron? ¿Dónde están los chicos?- pregunté con voz pastosa.
- Solo unas pocas horas.- contestó.- En cuanto a los chicos… bueno, están discutiendo algunas cosas fuera.
- ¡¿Discutiendo?!- traté de incorporarme agravando el mareo.
- Quieta ahí.- me detuvo con una sola mano. O era más fuerte de lo que pensaba o yo estaba más débil.- No dejaré que te levantes hasta que estés plenamente recuperada, así que pon más de tu parte.
- Pero…
- Pero nada. Los chicos estarán bien, James sabe cuidarse muy bien solo y jamás dañaría a Samuel.
Sus palabras eran extrañas. ¿Conocía a James? ¿Qué tenía él que ver con ella y con Samuel?
Quería realizarle todas estas preguntas, pero ella salió de la enfermería antes de que pudiera hacerlo. Dejándome sola.
Pero no por mucho tiempo.
La puerta de la enfermería volvió a abrirse un par de minutos después, entrando James por ella.
- Veo que ya estás mejor.
- Y deseando levantarme, pero Lisbeth.- así se llamaba la madre de Samuel.- me lo ha prohibido. Creo que si hubiese insistido un poco más habría terminado atándome a la cama.
- Lisbeth,- asintió levemente.- la inflexible Lisbeth. Siempre fue igual cuando se trataba de asuntos relacionados con sus seres queridos.- Sus palabras me recordaron a las anteriores dichas por Lisbeth.
- Ella y tú ya os conocéis de antes, ¿cierto?- él asintió.- ¿De qué?
- Digamos era muy amigo del padre de Samuel.- dudó.- Viajamos juntos por el mundo hasta que la encontró, entonces decidió quedarse con ella. Durante unos maravillosos años viví con ellos.- su mirada perdida en los recuerdos volvió a centrarse en mí.- Pero finalmente llegó el día en que tuvo que abandonarla y yo me fui con él.
- ¿Y por qué has vuelto?- un gran temor me invadió.- ¿Le ha sucedido algo a…?
- No, no, no.- negó rápidamente.- No hay nada de qué preocuparse. Y…- volvió a dudar.- no es que haya vuelto exactamente.
- ¿Qué quieres decir?- fruncí el ceño.
- Realmente nunca me fui. Quiero decir, me fui, pero volví en seguida, nada más encargarme de unos pequeños asuntos, volví para estar vigilando a la mujer de mi amigo, cuidándola. Y más tarde a su hijo,- me miró a los ojos con una sonrisa burlona.- y la pequeña amiga de este.
- No soy pequeña.- no pude evitar saltar ante su pequeña puya.
- No, ya no.- se acercó hasta que su rostro quedó a unos centímetros del mío.- Te has convertido en una joven muy con un gran sentido del deber… valiente… guapa… y atractiva.
A cada palabra que decía, iba acercándose más y más y yo poniéndome más y más nerviosa. James tenía sus ojos fijos en los míos, y yo era incapaz de apartar la mirada, totalmente atrapada en la suya. Su mano subió despacio por mi brazo hasta encontrar su lugar en mi nuca, enredado los dedos en mi pelo. Podía sentir su aliento sobre mis labios, entreabiertos por la anticipación del beso que prometía su actitud.
Sin embargo, el beso no llegó. A la vez que él se inclinaba hacia delante, la puerta de la enfermería volvió a abrirse nuevamente dejando paso a un sorprendido Samuel.
Sin poder evitarlo, salté hacia atrás, apartándome de James y soltándome de su agarre, mientras él le dirigía una mirada con los ojos entrecerrados a Samuel, denotando su molestia por la interrupción. Samuel, en cambio, alternó miradas furiosas y dolidas entre ambos antes de girarse y marcharse sin mencionar palabra alguna.
- ¡Espera!- grité.
Quería explicarle… no sabía muy bien el qué, pero no quería que se fuera así. Él era muy importante para mí y no podía soportar la idea que estuviera enfadado conmigo. Tendría que aclarar las cosas con él, no podía ni quería perderle. Él era como un hermano y nos cuidábamos mutuamente.
El largo y profundo suspiro de James me sacó del torbellino de angustia en el que se habían convertido mis pensamientos.
- Iré a buscarlo.- revolvió el pelo de mi cabeza.- Tú quédate aquí y descansa todo lo que te sea posible.
Se levantó de la cama y caminando con paso firme salió, dejándome sola para traer a Samuel. No tardó mucho, solo un par de minutos durante los que estuve pensando lo que le diría cuando estuviera frente a mí. No fue suficiente para que aclarara mis ideas, ni siquiera para mí misma.
Samuel tenía una expresión en su rostro que había visto pocas veces. Una fría máscara de indiferencia que se colocaba para evitar que los demás vieran sus verdaderos sentimientos. No sabía lo que iba a hacer, pero lograría que esa máscara desapareciera.
Él se quedó en un rincón cercano a la puerta, apoyado contra la pared, tratando de alejarse lo más posible de mí. James nos miró intermitentemente desde la puerta antes de hablar.
- Os dejaré solos para que habléis.- me miró.- Hagas lo que hagas, recuerda que aun no estás plenamente recuperada.- y acto seguido abandonó la estancia.
Durante unos segundos un incómodo silencio se extendió entre nosotros, hasta que con un carraspeo de garganta Samuel habló.
- Veo que ya estás recuperada.- su voz era monótona e inexpresiva.
- No del todo, tu madre aun no me permite levantarme.
- Sin embargo, eso no es impedimento para estar dándote el lote con tu novio.
- No es mi novio.- dije a la defensiva.- James…- me interrumpí insegura de cómo continuar.
- ¿No es tu novio?- enarcó una ceja.- Entonces, ¿vas por ahí besando a los chicos porque sí?
- No, no es eso.- susurré.- No sé qué es lo que hay exactamente entre James y yo, pero no puedo evitar sentirme atraída por él. Sé que es repentino, apenas lo acabamos de conocer, pero lo que siento… ni siquiera sé que es lo que siento, pero sí sé que es muy fuerte. No puedo resistirme.
- Y yo no puedo pedirte que lo hagas- su voz fue apenas un leve susurro que tuve que esforzarme para poder oír.
- ¿Qué quieres decir? Sé que no os lleváis bien por el momento, que habéis empezado con mal pie, pero estoy segura de que…
- No. Él y yo nunca nos llevaremos bien, es algo más que “haber empezado con mal pie”.- ante mi expresión confundida continuó, no sin antes dudar primero.- Mel, sé que no te has dado cuenta de ello, pero tú para mí eres muy importante.
- Claro que me he dado cuenta.- dije confundida.- Y tú también lo eres para mí.
- Pero no del mismo modo.- mientras hablaba se había ido acercando hasta la cama y ahora estaba sentado en ella y tomando mi mano entre las suyas.- Tú me ves como un hermano, pero para mí, eres más que una hermana. El amor que siento por ti no es para nada fraternal, es un amor como el que sientes por James, aunque aun no lo sepas.
- ¿Amor?
- Sí, Mel,- dijo sin mirarme a los ojos.- amor. Eso es lo que sientes por él, y lo que yo siento por ti. Por eso, nunca nos llevaremos bien. Él tiene lo que yo siempre quise, tú. Desde el principio noté que mostraba algún tipo de interés por ti, al igual que él notó mis sentimientos hacia ti. Ese es el motivo por el cual nuestra relación siempre será fría y distante.
- Yo… no sé que decir.- Nunca me habría imaginado sus palabras. Siempre lo vi como un hermano y pensé que él también a mí. Obviamente estaba equivocada.- No pensé que…
- Tranquila.- acarició mi mano con las suyas.- Sé muy bien lo que significo para ti, no hace falta que digas nada.- Me abrazó estrechamente contra su pecho y aspiré el aroma de su colonia.- Te prometo, que pase lo que pase, siempre estaré ahí para ti, aunque tenga que ser como un hermano.
Aun apretándome entre sus brazos, besó la parte superior de mi cabeza justo antes de soltarme y marcharse sin decir nada más. Al salir por la puerta pude ver como sus ojos estaban al borde de las lágrimas, lo que hizo que los míos se anegaran también.
Instantes después, James volvió. Desde la puerta me miró, y aunque traté de contener las lágrimas, no pude engañarlo. En silencio, se sentó sobre la cama y me abrazó fuertemente haciendo que mi llanto se incrementara.
- Samuel…- empecé pero me interrumpí por las lágrimas.
- Lo sé. No tienes que explicarme nada.- cogió mi rostro entre sus manos y encontró nuestras miradas.- Sé que todo te parecerá repentino, pero te aseguro que no es así. Te he estado observando desde que naciste, viéndote crecer y solo tú conseguías arrancarme una sonrisa sincera y mover mi corazón como hacía tiempo que nadie lo hacía. Sé que todo esto puede resultar confuso y abrumador, pero es como me siento. Por eso, esta noche, aunque se suponía que solo debía observar y no intervenir, no pude mantenerme al margen. No podía permitir que nada te sucediera.
Volvió a abrazarme y besó mi cuello, justo por encima del lugar donde horas antes me había mordido el vampiro. Con su nariz inició un camino por mi mandíbula, desde la oreja hasta la barbilla, llegando a mis labios y rozándolos levemente con los suyos.
- He esperado tanto tiempo para hacer esto…- susurró.
- Entonces, no esperes más.
Mi voz solo era un bajísimo susurro, pero sabía que James podría oírlo. Me sentía nerviosa, y aun algo confundida, pero estaba segura de lo que quería. Quería estar junto él. Quería arriesgarme y confiar en él, porque al fin y al cabo, en eso consiste el amor.
Amor. Sí, eso es lo que sentía por James. Un amor muy profundo, que nacía en el centro de mi ser. Y lo daría todo por él.
Los labios de James se fundieron con los míos en un profundo beso. Tierno al principio, como si temiera lastimarme, y luego más furioso, dando rienda suelta a la pasión tanto tiempo encerrada en su interior. Una pasión que ya no tenía que encerrar más.


FIN

Este relato me encantó, es muy atrayente, cuenta toda una historia y hace que uno se sumerja en la protagonitas y su personalidad.

Marijose, yo te doy permiso para hacer un fan fic de Híbrido XD, sólo si en él introduces a Alexa y Damián. mis regalones XD jajajajaja.

hablando enserio, me encantó esta historia y yo (en forma personal) la continuaría de alguna forma xD.

Gracias Marijose por participar!!!

1 comentarios:

  1. Me alegra que te gustara tanto.
    La verdad es que tuve que releer algunas partes de Hibrido para recordar como eran algunas cosas. Y fue un jaleo porque no no recordaba en qué capítulo lo decía y a veces ni en qué libro... pero aun así disfruté mucho escribiendolo.
    Y quiero continuarlo, ese final me dejó con ganas de más. Quiero sacarle un poco de más partido a Samuel y continuar el romance de Melisa. Y tal vez haya problemas en el paraíso... no sé, ya se verá.

    Un besazo!

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